Cuando valores obsoletos dirigen el aprendizaje

¿Por qué hay materias? ¿En qué se basa la fragmentación de materias cuando en el mundo, fuera de la escuela, no está fragmentada de ésta manera? ¿Es realmente bueno segmentar el día escolar por períodos de 40 minutos? ¿Tenemos todos que aprender dentro de las paredes de la escuela? ¿Es justo que otra persona ajena al niño decida lo que debe aprender? ¿En realidad los niños no pueden aprender sin el control y la dirección de los adultos? ¿Habrá otras maneras de dividir a los niños, en vez de por edades? ¿Son las tareas realmente necesarias para que aprenda un niño? ¿Son los exámenes la mejor manera de medir los conocimientos de un niño? ¿Por qué creemos que otra persona ajena al niño puede evaluar mejor sus conocimientos que el niño mismo? ¿De verdad se tiene que calificar un proceso de aprendizaje? ¿Por qué se piensa que la escuela tiene el monopolio del aprendizaje?

Históricamente, a partir del enfoque en la productividad del Industrialismo, surge la creencia de que es necesario medir y clasificar los conocimientos de las personas. Qué se mide, cómo se mide y para qué se mide, y tal vez sobre todo por qué, es, según mi opinión, uno de los errores principales del sistema educativo convencional. No sólo afecta negativamente el proceso de aprendizaje a nivel individual, sino también lo que se enseña en las escuelas convencionales, cómo se enseña y cómo se aprende.

El enfoque va desde que el niño debería de tener el derecho de aprender, a que tiene que aprender, no sólo lo que se estipula, sino a un ritmo que otros dirigen. Pero… aprendemos a ritmos diferentes, tenemos talentos, intereses y pasiones distintos. Si una escuela pretende ser democrática todos los niños deberían tener el derecho de aprender lo que más deseen, a su propio ritmo, y de la manera que más convenga a cada uno.

Cuando valores obsoletos dirigen el aprendizaje

Sin importar qué y cómo aprendemos, el aprendizaje es un proceso que funciona más o menos de la misma forma para todos: aprendemos una cosa, todo bien. Aprendemos algo nuevo que se basa en lo ya aprendido, y de repente lo que ya habíamos aprendido toma una nueva forma en nuestro entendimiento. Lo que ya pensábamos saber, toma tonos nuevos. Muchas veces, en el entorno escolar, esto se ve como si no hubiéramos entendido nada, porque empezamos a mezclar los conceptos aprendidos, pero eso es un malentendido. Sólo es el cerebro que está asimilando los nuevos conocimientos. En ese proceso de aprendizaje, debemos de tener el derecho de equivocarnos con frecuencia, porque esos errores sólo señalan que estamos aprendiendo a un nivel más profundo. Por esa razón los errores son importantes y positivos.

Sin embargo, si sólo nos enfocamos en medir los resultados de lo que un niño está logrando por el momento, los controles de conocimientos en forma de exámenes, con frecuencia darán una imagen tergiversada de lo que el niño realmente entiende y sabe. No podemos medir un resultado y confiar en que refleje la realidad cuando una persona está en medio de un proceso de aprendizaje.

La caza de resultados impide el proceso de aprendizaje en muchos niveles. Al estancarse en un nivel, lo mejor que uno puede hacer es soltar la materia y dejar que el cerebro descanse, en vez de forzar el aprendizaje (para esto, se pueden necesitar varias semanas). Mientras el cerebro descansa del aprendizaje activo, obtiene espacio para trabajar lo aprendido a otro nivel, sin que se le moleste. Lo que realmente sucede es que la información se procesa “solita”. Cuando volvemos a la materia unas semanas después, nos sorprendemos frecuentemente por todo lo que hemos podido procesar “sin trabajar”.

Cuando valores obsoletos dirigen el aprendizaje

Es sólo una de las razones de por qué es sano no tener tareas por las tardes. El cerebro necesita descansar para asimilar los conocimientos. No necesita trabajar más, ya estuvo activo todo un día escolar. Además necesita ser estimulado de otras formas, y no solamente de manera intelectual: jugar, moverse, explorar libremente son cosas que son muchísimo más importantes para el desarrollo y el aprendizaje de un niño, que hacer tareas. Además: ¿qué adulto aceptaría trabajar extra sin ser pagado? ¿Cuándo vamos a entender que las tareas implican lo mismo para los niños?

En países como los Estados Unidos y México, el enfoque en tareas y exámenes han acaparado completamente la enseñanza y el tiempo libre de los niños: la mayoría de los maestros pasan su tiempo solamente preparando a los alumnos para los exámenes, en vez de enseñarles cosas que les sirvan para toda la vida. Esa perspectiva es tan corta y completamente ineficiente, no sólo desde una perspectiva de la sociedad sino también del individuo.

¿En qué consiste el valor de (a través de exámenes) medir y pesar la “productividad del aprendizaje” de los niños, para luego clasificarlos en compartimentos marcados “reprobado: malo, aprobado: bueno? Constantemente comparar a los niños entre ellos, manda señales extrañas de competencia y competitividad, donde los factores de motivación externa intentan controlar la motivación interna. Mientras no cuestionemos que ésta es una de las consecuencias de una escuela basada en una valorización obsoleta del ser humano, los exámenes y las calificaciones siempre se considerarán relevantes.

Al priorizar que lo más importante es ganar la competencia, factores de motivación externa siempre dirigirán al ser humano y al mundo. En una competencia uno se compara constantemente con los demás. Y en una competencia siempre hay más perdedores que ganadores. No entiendo cómo los sentimientos de desempoderamiento que surgen en los perdedores (la mayoría) en algún momento podrían crear algo positivo.

Cuando valores obsoletos dirigen el aprendizaje

Si el enfoque educativo fuera crear individuos capaces y enteros que cada uno pueda aportar algo valioso a este mundo, esta visión obsoleta ya no tendría ningún lugar en la sociedad. Y entonces podríamos abrirnos a una forma muy distinta de valorar al ser humano.

Con la revelación de que todos los seres humanos, durante nuestras vidas, nos encontramos en un desarrollo constante donde es imposible terminar de aprender, necesitamos aceptar que un proceso no se deja medir. Porque, ¿cómo se vería ese flexómetro? Y ¿quién tiene realmente la capacidad para juzgar dónde, en la escala, otra persona se encuentra?

Cuando dejamos que valores obsoletos dirijan el aprendizaje, es fácil perder el enfoque.
Podríamos mejor pensar a largo plazo, y concentrarnos en que lo más importante debería ser que los niños aprendan lo que necesiten y lo que realmente les sirva en la vida: de una manera y a un ritmo que funcione para cada uno.

¿Cómo se defenderán tus hijos desescolarizados en el futuro?

No es tan fácil salirnos de nuestra mentalidad escolarizada, de empezar a pensar en una dirección completamente opuesta. Con frecuencia me topo con padres y madres que se preocupan por las futuras consecuencias de haber elegido (o si eligieran) el camino de la desescolarización y la educación auto-dirigida como opción para sus hijos. ¿Qué tal si sus hijos de adultos se quejaran y los acusaran de haberlos privado de una “verdadera” educación? Y, ¿qué pasaría después, cuando fueran grandes, cómo podrían defenderse en el futuro si nunca fueron a la escuela?

Cuando vas de escuela a “des-escuela”, inicias un cambio de paradigma, de modelos y patrones mentales y culturales. Es un proceso que exige que tú te tengas que desescolarizar (deschooling en inglés). Has entendido que la escuela convencional ya no sirve. Tal vez también te has dado cuenta de que lo que aprendiste en la escuela, en su mayor parte, no son conocimientos que usas activamente en la vida. Quizá hasta estés cuestionando por qué ciertas personas (en este caso, los adultos) son considerados más capaces para decidir por otras personas (los niños) sobre qué conocimientos hacen falta en la vida. Sea como sea tu caso personal, te aseguro que cargas todavía con un montón de programaciones que necesitas examinar, analizar y entender antes de poder deshacerte de ellas. Porque no es hasta entonces que vas a poder tomar el paso y hacer lo inimaginable: soltar el control de tus hijos y empezar a confiar en que son más que capaces de decidir cómo quieren vivir sus vidas y desescolarizarlos (unschooling en inglés).

¿Qué implica realmente dejar que tus hijos sean desescolarizados y auto-dirijan su propia educación?

¿Cómo se defenderán mis hijos desescolarizados en el futuro?

Sobre todo, implica que tú observes a tus hijos y que escuches sus necesidades. Eso puede ser aterrador, sobre todo cuando tus hijos quieren hacer algo que a ti, por la razón que sea, no te parece. Tú como madre o padre, necesitas apartarte de su camino, y estar dispuesta/o a brindarles un máximo de apoyo, al mismo tiempo que minimices tu propia interferencia en su proceso. Aún cuando quieran hacer algo que va en contra de lo que tú crees que es mejor para ellos.

Si, por ejemplo, estás completamente convencido/a de que el sistema educativo convencional es dañino, y estás desescolarizando a tus hijos, y de repente te dicen que quieren ir a una escuela… ¿Qué haces? ¡Ni modo! Tienes que dejar que lo prueben y no importa si tú estás en contra. Los principios de la desescolarización implican que tú, como padre o madre apoyes las necesidades y los intereses de tus hijos. Si quieren ir a la escuela, no puedes negárselo. Conozco a varios niños desescolarizados que han decidido probar ir a la escuela y que nunca jamás quisieran regresar ahí. Y conozco a uno (nada más uno hasta ahora) que eligió quedarse en la escuela convencional.

La cosa es: si estás desescolarizando a tu hijo, tú no tienes el derecho de tomar esas decisiones en su lugar. Ya hiciste el pacto de dejarle la libertad y la posibilidad de tomar sus propias decisiones, sin que importe tu voluntad (tu opinión la puedes compartir si ellos te la piden). Y es aquí donde frecuentemente, las viejas programaciones chocan con los nuevos paradigmas. Porque van completamente en contra de cómo educa la mayor parte de los papás a sus hijos.

Siempre hay otros caminos y más opciones

¿Cómo se defenderán mis hijos desescolarizados en el futuro?

Muchas veces vivimos en países donde la escuela es obligatoria. Eso nos deja la impresión de que sólo hay un camino posible, y que sólo ése es el correcto. De vez en cuando me preguntan qué sería de mi hijo si no se graduara, porque según mi creencia no podría estudiar una carrera universitaria. De lo que no se dan cuenta, es que en casi todos los países hay un montón de alternativas para que una persona que nunca ha ido a la escuela, pueda estudiar en la universidad, si así lo desea.

Si mi hijo Teo quisiera, podría validar primaria, secundaria y preparatoria aquí en México donde vivimos. Para eso existe el Instituto Nacional de Educación para los Adultos. O podría ir a otro país y hacerlo allá. Hay universidades en el mundo que tienen exámenes para entrar, para los cuales quien quiera se pueda presentar. O quizá Teo no elija nada de eso, porque ya aprendió que tiene la capacidad de crear su vida exactamente tal y como la desea.

Al inicio yo también me estaba preguntando cómo iba a ser para él. Hasta que comprendí de que realmente no tenía que ser mi preocupación, porque no se trata de mi vida. Es la vida de mi hijo y son sus elecciones. Si en un futuro Teo elige validar sus estudios, lo podrá hacer. Y si requiere de mi ayuda, se la brindaré con mucho gusto. Pero yo no me necesito preocupar. ¡Veo qué tan capaz es a los doce años! Por supuesto que logrará todo lo que querrá y se propondrá cuando sea adulto.

El mundo está cambiando y eso afecta las posibilidades laborales también

¿Cómo se defenderán mis hijos desescolarizados en el futuro?

El mundo en el cual vivimos está cambiando a una velocidad alucinante. Ya no necesitas, por ejemplo, una oficina. Puedes trabajar desde donde quieras. Y las posibilidades de generar ingresos han aumentado enormemente, en especial para las personas creativas, innovadoras, responsables, con toma de iniciativas y pensamiento crítico. Las cuales son capacidades que nadie desarrolla en la escuela. Pero para un niño que auto-dirige su propia educación son capacidades básicas.

Necesitamos entender que ya no son los conocimientos en sí mismos los que se valoran en el mundo profesional, porque puedes aprender conocimientos en el momento que te plazca. Lo que priorizan las empresas innovadoras son justamente todas las cosas que los niños desescolarizados sí aprenden. Porque han tenido amplias oportunidades de tomar sus propias iniciativas y decisiones, evaluar las consecuencias de esas iniciativas, cometer errores, aprender a tomar decisiones más adecuadas y hacerse responsables de las secuelas de sus propias iniciativas. Esto los vuelve mucho más capaces que los niños escolarizados, que desde una edad temprana sólo han aprendido a hacer lo que un adulto les pida.

Aunque tu hijo desescolarizado elija tener un empleo, o sea su propio jefe, o cree una empresa, no sólo habrá desarrollado las capacidades necesarias para lograrlo.También habrá tenido la capacidad de ser ágil y habrá podido cambiar, transformarse y adaptarse en el camino. Porque eso hacen todos los seres creativos.

¡Nunca es demasiado tarde para aprender!

¿Cómo se defenderán mis hijos desescolarizados en el futuro?

Es importante recordar, que lo que todavía no sabemos, lo podemos aprender cuando queramos y/o lo necesitemos. Nunca es “demasiado tarde”. Los seres humanos aprendemos constantemente, es un motor innato en todos. De hecho, es imposible no aprender. Piensa en todo lo que has aprendido como adulto, en tu tiempo libre, en tu trabajo o sólo a través de vivir. Cosas que no pudiste aprender en la escuela, o cosas que no te interesaban de más joven. Son cantidades enormes de aprendizaje en casi cualquier adulto.

Yo personalmente he aprendido todo lo que quería cuando realmente lo necesitaba o cuando tenía curiosidad o interés, y con frecuencia en el camino mismo. Además, de todo a lo que me dedico hoy, no hay ni una cosa que aprendí en la escuela. Si realmente nos auto-examinamos, nos damos cuenta de que no, no estamos utilizando activamente cada día lo que aprendimos en la escuela. Sin embargo nos cuesta infinitamente soltar esas viejas programaciones que nos dicen que los niños sí tienen que ir a la escuela, y que las calificaciones sí importan.

Como padre o madre de hijos desescolarizados, tu trabajo es crear las mejores circunstancias para que ellos puedan tomar sus propias decisiones y las iniciativas que quieran. No puedes bloquear el camino del aprendizaje de tus hijos, y eso lo harás cuando intentes controlar qué, dónde, cómo y cuándo aprenden.

Soltar el control y empezar a confiar en que sí son capaces, es algo de lo más difícil que hay, pero es el regalo más hermoso que podemos ofrecerle a cualquier niño. Eso es lo que le brindará la oportunidad de desarrollarse en un adulto creativo e independiente, autónomo y capaz de resolver todos los retos que llegan en la vida: incluyendo a qué dedicarse en el futuro, y también cómo lograrlo. ¿Qué más podrías desear para tu hijo?

…a la educación auto-dirigida (2a parte)

Después de que mi hijo y yo tomamos las decisiones paralelas de ya no regresar a la escuela que yo le había fundado, nuestra vida mejoró muy rápidamente. De repente mi hijo tuvo la libertad de utilizar sus días para lo que él quería, y yo pude iniciar y crear un nuevo proyecto.

Ese proyecto se llama Explora, es un Agile Learning Center – o Centro de Aprendizaje Ágil.

De la educación progresiva

Me había prometido nunca jamás volver a hacerme responsable de la educación de otros niños, pues no quería ver Explora como una escuela. Pero ya que Explora se basa en los principios de educación auto-dirigida, son los niños los verdaderos responsables de su propio aprendizaje y educación. Eso significa que ha desaparecido esa presión que yo sentía en el pasado.

Yo quería crear un entorno donde el enfoque principal fuera el bienestar emocional de los niños y la libertad de la exploración. Sólo cuando los niños se sienten seguros, apoyados y aceptados por quiénes son y cuando son libres para aprender, lo pueden hacer a su máxima capacidad.

Mi hijo, con síndrome de Asperger, nunca se había sentido entendido y respetado en su escuela anterior – a pesar de la pedagogía progresiva que ahí se manejaba. Yo pensaba que si lograba que él se sintiera bien, todos los demás niños también se sentirían a gusto. Y así es en la actualidad. Él es nuestro “medidor”. Esto no significa que no surjan conflictos. Sin embargo, la forma de manejarlos es muy diferente.

Tenemos niños que provienen de mi escuela anterior, tenemos niños que están siendo desescolarizados (como mi propio hijo) y tenemos niños que provienen del sistema convencional. La diferencia entre los primeros dos grupos y el último, es abismal.

De la educación progresiva

Los niños del sistema convencional tardan mucho antes de desarrollar su toma de iniciativa, sentido de responsabilidad y su propia creatividad. Son estos niños que, al inicio, parecen un poco apáticos y aburridos porque están tan acostumbrados a que los adultos dirijan su tiempo y tomen todas las decisiones por ellos. Cuando por fin les llega la libertad de hacer lo que quieran, no saben cómo lidiar con ella. También son estos niños los que tienen más dificultad en respetar los acuerdos y a sus compañeros.

Nuestro papel de facilitadores consiste en dar un máximo de apoyo con un mínimo de interferencia. Nuestro trabajo no es entretener a los niños, sino apoyarlos, pero cuando ellos mismos lo pidan. Y conforme van desarrollando su independencia y creatividad, menos apoyo buscan.

Para mí, ha sido un gozo ver que cuando el enfoque principal es que los niños estén emocionalmente bien con plena libertad, esto es lo que ocurre como consecuencia:

Empiezan a tomar iniciativas y decisiones, resuelven problemas, gestionan su tiempo, toman responsabilidad: de ellos mismos, de la comunidad y de lo que ahí se crea.

La creatividad chispeante que esto genera no corresponde a nada que yo haya visto en ninguna escuela convencional o en una escuela de pedagogía progresiva (como Montessori o Waldorf).

Uno de mis facilitadores es maestro de primaria. Para mí ha sido maravilloso observar su cambio. Cuando yo lo conocí, estaba completamente convencido de que “todos los niños tenían que ir a la escuela porque la escuela era primordial”. En Explora, ha podido observar las diferencias entre los niños y ha entendido qué tan desastrosos son los efectos del sistema educativo convencional en ellos. Está considerando seriamente que su hija de cinco años no vaya a una escuela convencional. ¡Esto me alegra mucho!

Yo entiendo que cuando has crecido en ese mismo sistema puede ser difícil entender que los niños sí sean tan capaces. Pero yo veo con tanta claridad que todos los niños son individuos con diferentes intereses, talentos, habilidades y necesidades. Es por esta razón que opino que todos deberían tener el derecho de desarrollarse bajo sus propias condiciones: sin importar cuáles son sus antecedentes culturales, sociales o económicos, y sin importar si son neurotípicos o no. Los niños que sí tienen esta oportunidad (como ahora mi hijo y sus compañeros), desarrollan su creatividad, su pensamiento crítico y su capacidad de tomar decisiones adecuadas. Se vuelven individuos responsables, autónomos e independientes, capaces de crear lo que necesiten para sus vidas.

Yo quisiera que todos los niños tuvieran el derecho de desarrollarse bajo condiciones que solamente la educación auto-dirigida puede brindar. No únicamente florecerían los niños. Estoy convencida de que la sociedad entera también.

De la educación progresiva

De la educación progresista… (1a parte)

Yo nací en Suecia, un país donde la educación es gratuita para todos (sin importar la inclinación pedagógica – con la educación sin escuela, o educación autodirigida como gran exepción), incluyendo los estudios universitarios. Mi mamá decidió desde el inicio inscribirme en un kínder Montessori porque le gustaban mucho los pensamientos pedagógicos de María Montessori. Así que, desde los cuatro hasta los doce años, yo estaba estudiando dentro del sistema Montessori.

De la educación progresiva

Pero al iniciar la secundaria, se acabó la felicidad. Montessori ya no era una opción puesto que la Doctora Montessori opinaba que los adolescentes no deberían de ir a la escuela. Y yo me tuve que enfrentar al sistema tradicional. Fue un choque bastante fuerte. Sí, me adapté rápido, pero no me gustó nada. Me aburría y sentía que estaba malgastando mi tiempo. Como resultado, a partir de los doce años me volví una ferviente crítica del sistema educativo tradicional.

Una vez adulta, decidí hacer algo al respecto: me formé como maestra y pedagoga.
Me encantaba enseñar, pero mi estilo era muy distinto. Tal como dijo uno de los maestros en mi carrera de Pedagogía Práctica: “uno suele enseñar tal y como uno ha sido enseñado”. Como ex-alumna Montessori, me volví una maestra que daba mucha libertad y mucho poder de elección a mis alumnos.

Sin embargo para mí, no era suficiente afectar positivamente a los alumnos que yo tenía. Seguía muy conflictuada con el sistema, lo quería cambiar. Es más: lo quería colapsar e iniciar desde la nada. Quitar esos cimientos de la industrialización, una época llena de sumisión y dominación.

Obviamente el reto era demasiado grande para una maestra joven. Me harté y dejé mi puesto de maestra. Fue parte de un proceso personal que me trajo, un par de años después, a México y al estado de Oaxaca. Empecé a trabajar en una universidad como encargada del programa de francés. Y me topé con un sistema aún más obsoleto. Veía a mis alumnos (de 15 a 30 años de edad) que estaban estudiando francés, supuestamente por gusto, pero sin iniciativa, sin entendimiento de lo que significa tomar la responsabilidad de sus estudios, sin independencia, sin autonomía… Y me preguntaba, ¿cómo era posible que los alumnos de 11 años que yo había tenido en Suecia, dentro de un sistema obligatorio, mostraban más responsabilidad, más iniciativa y más autonomía y autodirección en su aprendizaje, que estos adolescentes y adultos que habían elegido por voluntad propia esta materia?

Poco a poco fui conociendo la realidad del sistema educativo mexicano. Conocí a los alumnos y su mentalidad. Y empecé muy pronto a capacitar a maestros dentro del sistema: desde nivel preescolar hasta nivel universitario. 15 años después de haber llegado a México, he capacitado a casi 300 maestros en el estado donde vivo. Los conozco bastante bien. Sé cuáles son sus lagunas, y sé lo que no funciona en el sistema educativo.

De la educación progresiva

Cuando nació mi hijo en el 2005, me dije que nunca jamás lo pondría en un sistema que no sólo falla en dar a los niños lo que realmente necesitan para desarrollarse en la vida, sino que les quita la iniciativa, la creatividad, la autonomía: todo lo que necesitan para volverse adultos capaces, independientes e innovadores.

En el 2008 empecé a buscar a personas que pensaban como yo, que creían que era necesario fundar una escuela alternativa, y con otras tres personas co-fundé la primera escuela alternativa en Oaxaca: Papalotes. Papalotes son siglas para Padres Pro Aprendizaje Lúdico Orientado a Transformar la Educación Social. Después del primer año decidimos volvernos Waldorf. Era simplemente demasiado difícil navegar en una sociedad tradicionalista y convencionalista sin ninguna bandera.

De la educación progresiva

Crear una escuela Waldorf en el estado de Oaxaca, fue muy retador. Sin embargo, después de tres años, cuando me invitó un grupo de padres en Puerto Escondido (en la costa oaxaqueña) para compartirles el proyecto, acepté el nuevo desafío. Mis socios de Oaxaca estaban de acuerdo, siempre y cuando no tuvieran que involucrarse.
Hacer una escuela implica mucho trabajo. Hacer una segunda, obviamente más.

Mi viaje personal de ir de Montessori a Waldorf fue muy interesante. Yo era muy autodirigida y acostumbrada a que el maestro se quedase en el fondo, y me costaba la idea de que un maestro dirigiera al grupo de niños. En kínder todavía el enfoque era el juego libre, lo que me encantaba, ya que realmente es la forma más natural en la que aprende cualquier niño. Pero en primaria empezó a complicarse la situación.

De la educación progresiva

Los planes de estudio Waldorf son hermosos pero muy complejos. Muestran, por ejemplo, un profundo conocimiento del desarrollo psicológico del niño que no he visto en ninguna otra pedagogía. Pero, ¿es posible que una persona sea capaz de seguirlos sin la capacitación y experiencia adecuadas? De repente, el reto se multiplicaba: no sólo era difícil encontrar a familias interesadas en tomar el riesgo y salirse del sistema para apostarle a una educación diferente, sino que era casi imposible encontrar a los maestros adecuados. Todo esto en combinación con el hecho de que cada edad requiere un plan de estudio distinto, creaba una situación económica devastadora para una pequeña escuela. ¿Cómo pagas un sueldo digno para un maestro que sólo tiene a dos alumnos?
En concreto, sentía que los retos eran demasiado grandes.

Paralelamente a esto, me daba cuenta que a mi hijo (que tiene Síndrome de Asperger) no le funcionaba la educación dirigida por un adulto. Se enojaba, sentía mucha frustración y frecuentemente expresaba sentirse tonto e incapaz. – ¿Por qué los niños tenemos que ir a la escuela? me preguntaba llorando todos los días en ese último semestre.

De la educación progresiva

Yo no sabía qué decirle. Para ese entonces, ya había estado buscando modelos que pudieran funcionar mejor, me había encontrado a las escuelas democráticas y todo el movimiento de desescolarización. Sabía que no era necesario que fuera a la escuela para aprender. Pero me sentía muy responsable del proyecto, su gestión y su supervivencia, ya que había sido mi iniciativa. No era nada fácil soltarlo.

Por estas y muchas razones más, decidí dejar mi proyecto en diciembre del 2015. Y simultáneamente, decidí confiar en mi hijo y su insistencia en ya no tener que ir a la escuela. Pude ver que había sacrificado el bienestar de los dos con tal de gestionar una escuela pequeña pero desafiante, donde él no estaba a gusto y donde yo tenía la responsabilidad pero no el poder de mejorar las cosas que consideraba necesarias. Dejarlo todo fue muy doloroso pero muy necesario. No había otra opción.

Y así empezó nuestra aventura en el mundo de la desescolarización.

Los accidentes y el desarrollo de los niños

Quisiera compartirles mi perspectiva de los accidentes – desde los chiquitos (moretones, raspones etc.) a los grandes (golpes fuertes, caídas y fracturas).

Los accidentes y el desarrollo de los niños

Soy la primera en reconocer que un accidente casi siempre es desagradable. En general provoca mucho miedo en los adultos. Como padres y madres preferimos todos que nuestros hijos estén bien e intactos. Al mismo tiempo, es un hecho que los accidentes forman parte de la vida. A pesar de todas las precauciones que uno pueda estar tomando, van a seguir pasando – independientemente de lo que uno quiera.

Mi proyecto de educación auto-dirigida, Explora ALC, es un Agile Learning Center (o Centro de Aprendizaje Ágil en español), y como tal compartimos la filosofía de todos los ALCs: confiamos en la capacidad de los niños de saber lo que necesitan y de tomar las decisiones necesarias para poder desarrollar sus intereses sin restricciones y/o imposiciones de los adultos. Esto se basa en investigaciones científicas que demuestran que los niños que tienen el derecho de explorar libremente su entorno, tomando riesgos, empujando sus límites físicos, mentales y emocionales, se vuelven más capaces y menos temerosos de adultos – en comparación de los que no tienen esas mismas oportunidades.

Esto implica que, en un ALC, los adultos siempre trabajamos para poder apoyar a un máximo a los niños en sus deseos de realizarse, sin estar constantemente detrás de ellos. Eso, a su vez, significa que, si no se trata de riesgos que puedan poner en peligro la vida y/o la psique del niño, sí los apoyamos en sus exploraciones porque sabemos todas las ventajas y beneficios que eso genera en ellos – a pesar de que a veces se puedan lastimar. Y sí se lastiman (en o fuera de Explora). Sin embargo, tenemos también límites, y hay actividades que sí consideramos de alto riesgo y por lo tanto no-negociables: irse solos a la playa; salirse sin avisar a donde van; subirse al barandal de la terraza; insultar o lastimar a otro; y no respetarse a sí mismos.

Queremos siempre que los niños estén bien, pero sabemos que no los podemos proteger del resultado de explorar su curiosidad y ganas de vivir experiencias nuevas. Las investigaciones también demuestran que los niños aprenden mucho de los accidentes y le sacan un provecho que se les queda como enseñanzas que les sirven en el futuro: como por ejemplo superar un miedo; resolver un lío en el cuál se metan; o reconocer que cuando estén cansados sean conscientes de sus propios límites.

Los accidentes y el desarrollo de los niños

Mis facilitadores y yo nunca nos vamos a imponer ante los niños y decirles lo que sí o no puedan hacer de la manera convencional, limitándoles así su libertad. Sería ser incongruentes con todo el proyecto de Explora y los fundamentos de los ALCs.

Creé Explora para apoyar el desarrollo de los niños – aun cuando eso incluye hacer cosas un poco peligrosas como trepar una barda o un árbol, hacer una fogata etc.: siempre y cuando el niño se respete a sí mismo y respete a los demás.

Cuando un accidente sí sucede, platicamos con el niño o niña para reflexionar sobre lo que pasó, porque existe una oportunidad de aprender mucho sobre el accidente que sufrió. De ahí surgen decisiones de parte del niño o de la niña de cómo quiere él/ella manejar ese tipo de situaciones en el futuro.

Vemos que los niños sí crecen mucho más cuando, en vez de prohibirles experiencias vitales de la vida, tienen la oportunidad de tomar sus propias decisiones y luego hacerse responsables de las consecuencias – todo siendo apoyados por adultos a quienes les importa el bienestar de cada uno de ellos.

Y recuerda: al prohibirle algo a tu hijo o hija, no significa que no lo vaya a hacer. Es más que probable que sí lo haga de todas maneras – sólo que no te lo va a compartir.

Libertad bajo responsabilidad

Frecuentemente, cuando hablo con otros papás y mamás acerca de la educación auto-dirigida, surge la pregunta de si no hay límites, si realmente significa dejar que los niños hagan todo lo que quieran.

Es una pregunta más que válida, y dentro de esa pregunta también existe un miedo muy grande:

Los adultos se imaginan que sin dirección e imposición de su parte, habrá un caos total, donde cada niño hace lo que quiere sin siquiera reflexionar en cómo su comportamiento puede afectar a los demás. Un poco como en El Señor de las Moscas.

Y eso es efectivamente lo que suele pasar en las escuelas tradicionales, porque ahí no se priorizan las mismas cosas que en la educación autodirigida.

Libertad Bajo Responsabilidad

Tener libertad conlleva mucha, pero muchísima, responsabilidad. Y no equivale a una “carta en blanco“, o sea, una licencia para hacer todo lo que uno quiera.

Como cualquier ser humano todos necesitamos aprender a vivir en una sociedad donde hay reglas y expectativas. Y tenemos que aprender a llevar nuestra vida de tal modo que sepamos generarnos autosuficiencia y, ojalá, felicidad.Todo eso, siempre y cuando respetemos a los demás. Esto se aprende viviendo la vida, en nuestra familia y en la sociedad. Y los niños desescolarizados no son ninguna excepción ya que participan en la vida real (y con frecuencia mucho más que los niños escolarizados).

A lo que voy es, como un ser libre, podría yo potencialmente entrar en una tienda y robarme las cosas o el dinero que hay ahí. Pero no lo haré nunca, porque sé que causaría mucho daño a los dueños de la tienda. Soy libre, pero sé cómo usar esa libertad. La responsabilidad mía es usarla de tal modo que nunca dañe a otro ser vivo.

Así que, para responder a la pregunta inicial: En la educación autodirigida, ¿les dejamos hacer todo lo que quieran?, las respuestas podrían ser: sí y no.

En general, en una escuela que se basa en la educación auto-dirigida (como por ejemplo en los Centros de Aprendizaje Ágil) hay expectativas muy claras y límites que los niños y jóvenes aceptan para poder participar. Los límites suelen basarse en ciertas medidas de seguridad, de legalidad y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás. Mientras cumplan con esas medidas, un niño o joven será apoyado en su búsqueda o exploración. Significa en la realidad que los niños y jóvenes tienen un montón de libertad.

Lo mismo suele suceder en las familias que prefieren hacer unschooling con sus hijos, o sea desescolarizarlos, en vez de mandarlos a una escuela.

El punto es, cuando ponemos énfasis en las buenas relaciones entre todos, no hay mucha necesidad de generar “reglas” impuestas por los adultos. Se trata de crear una cultura, dentro de la familia y en la escuela, donde todos nos cuidamos entre todos.

Creo que todos estaremos de acuerdo con que esto no pasa en el sistema educativo tradicional, donde el enfoque único es la memorización de materias, el control de esta memorización bajo la forma de exámenes, y la calificación de este control: las boletas. No importa el bienestar emocional de los niños. Existe bullying de parte de los maestros hacia los alumnos y entre los alumnos mismos, y muy pocos adultos tienen los conocimientos y la experiencia para crear un ambiente emocionalmente seguro.

Todo esto crea un clima de competencia, y en una competencia el único enfoque que importa es ganar. No importa cómo, y no importa si uno lastima a otro en ese afán.

Al contrario, en la desescolarización, cuando las dificultades se presentan, utilizamos herramientas que se basan en un respeto profundo hacia cada niño, tales como: la comunicación no-violenta; la resolución de conflictos; la validación de emociones etc.

Libertad Bajo Responsabilidad

La gran consecuencia de eso es, que para poder apoyar a nuestros hijos de la manera más respetuosa y funcional, nosotros como adultos tenemos que estar dispuestos no sólo a crecer, sino a retar a los modelos bajo los cuales fuimos educados. Una crianza y educación autoritarias pueden cambiar por un verdadera socialización con los niños y los jóvenes. Y eso es realmente el reto más grande de todos.

Si queremos que nuestros hijos aprendan a usar su libertad de una manera respetuosa y responsable, nosotros como padres y madres tenemos cambiar de modelos para volvernos los ejemplos que nuestros hijos merecen. Aprender a confiar. Dejar de sobreproteger. Aprender a escuchar primero. Dejar de imponer. ¿Tú quieres que tus hijos se vuelvan respetuosos hacia los demás? Empieza tú con la práctica de respetarlos a ellos como los seres libres que son, y ya verás.

¿Cómo se ve cuando realmente aprenden los niños?

Mi hijo Teo tiene doce años, y durante dos años ha estado bajo un proceso de desescolarización (unschooling) y educación autodirigida. Tiene Síndrome de Asperger, y según lo que he entendido de las opiniones de otros papás con hijos con SA, “debería de tener un día sumamente estructurado para poder funcionar en la vida”. Nada podría ser más lejos de la realidad.

Cuando Teo, por iniciativa propia, se salió de la estructura bastante rígida que la escuela impone en los niños, y de repente tuvo la libertad de él sólo decidir cómo y para qué quería utilizar su tiempo, entonces, un montón de cosas emocionantes empezaron a suceder.

Como se ve realmente

Al tener esa libertad, por fin pudo empezar a dedicarse a las cosas que más le gustan en la vida, que en su caso son: construir con legos, dibujar, jugar juegos de computadora, leer una cantidad asombrosa de libros, perfeccionar su inglés, ver videos de YouTube donde aprende un montón de cosas que le interesan (últimamente mucho sobre tecnología primitiva), tomando iniciativas creativas basadas en estos videos.

En todas las áreas donde ha enfocado su energía, ha sacado una cantidad enorme de conocimientos, puesto que puede poner todo su tiempo y energía en eso. El resultado es que para su edad, Teo sabe muchísimo de una gran variedad de áreas. Todos los adultos que tienen la oportunidad de convivir con él se sorprenden de sus conocimientos amplios, su pensamiento crítico, su capacidad de reflexionar y su incesante curiosidad.

Como se ve realmente

Ya que yo opino que cada actividad humana conlleva un aprendizaje, no me importa mucho exactamente en qué Teo se enfoca. Es obvio que aprende y que su curiosidad está aumentando. ¿Estará aprendiendo lo que otros niños de su edad aprenden? Pues, con toda certeza: ¡no! Pero, ¿por qué pensamos que los planes de estudio elaborados por adultos pueden garantizar mejor que los niños aprendan lo que necesitan en la vida, que las propias elecciones de los mismos niños? ¡Ah, claro! Porque hemos sido programados para creerlo a través de nuestra propia escolarización.

Pero no estamos conscientes de que exista tal programación y que es nuestra propia experiencia de escolarización la que está detrás de esta manera de pensar, y que ha dado forma a nuestras ideas y creencias acerca de cuáles son las condiciones óptimas para aprender. La programación se ve más o menos así:

  • “Siempre debe de haber un experto que motive al niño a que aprenda lo que tiene que aprender, si no, no va a aprender dicho niño lo estipulado.
    Los adultos siempre saben más que el niño, y saben exactamente lo que el niño necesita saber en la vida. Por esa razón, los adultos siempre tienen que ser los que decidan el contenido de lo que se tiene que aprender.
  • Puesto que los niños no pueden aprender solos (“es muy difícil motivarlos”), el aprendizaje tiene que ser supervisado y lo aprendido controlado (exámenes), de preferencia también medido (calificaciones).
  • Es sumamente difícil aprender nuevas cosas, y consecuentemente, los niños necesitan tener tarea para practicar mucho, si no, no van a aprender.
  • Ya que es tan difícil aprender, el día del niño necesita tener una estructura muy clara (horarios fijos con materias y asignaturas). No puede haber nada de distracciones de ningún tipo, porque eso impide que el aprendizaje tenga lugar.
  • Si no están todos estos ingredientes, el niño “no puede desarrollar la disciplina necesaria que se requiere para funcionar como adulto”.

Más o menos así está programada la mayoría de los adultos que yo conozco. Ya que parecen no estar muy conscientes de dicha programación, se complica obviamente que la cuestionen. Escucho comentarios de muchas personas, y casi siempre se escuchan igual: “Pero los niños no pueden aprender si no hay disciplina”, o “Si yo no estoy supervisando a mi hijo no hace absolutamente nada”, o “Si yo dejo a que mis hijos hagan lo que quieran, sólo juegan“.

Cuando un niño va a la escuela, tiene que renunciar a su autonomía y a sus propios intereses en favor de:

  1. La agenda del maestro y los planes de estudio.
  2. El hecho de que todos los niños deben aprender lo mismo en el mismo momento.
Como se ve realmente

Si al niño no le interesa la asignatura, o no ve ningún beneficio de ella para su propia vida, o siente que aprende mejor solo, o que va demasiado lento en la escuela, o al contrario, que va demasiado rápido, o que, simplemente, no funciona muy bien en un grupo grande, puede volverse un reto enorme para el maestro motivar al niño a que aprenda lo que estipulan los planes de estudio.

Niños sin motivación son un desafío para cualquier maestro, pero puesto que la realidad del sistema educativo público se ve así, tal vez la creencia de que, “tiene que haber disciplina impuesta por parte del adulto”, no sea tan rara.

El problema es que faltan un par de entendimientos básicos:

  • La programación con la cual cargan muchos adultos acerca de cuáles deben de ser las circunstancias óptimas para que aprenda un niño, se basa en cómo funciona el aprendizaje en las escuelas. No significa para nada que esa sea la mejor forma en la que aprenda el ser humano, biológica y neurológicamente hablando.
  • Muy por el contrario,los bebés aprenden en general a caminar y a hablar (uno o varios idiomas) sin que ninguno de estos criterios hayan sido cumplidos. ¿Cómo puede ser esto posible, cuando ambas capacidades son consideradas entre las más difíciles para nuestra especie? Mucho más difíciles que aprender a leer y a contar.

Para mi es un misterio que confiemos más en la capacidad de los bebés de aprender, que en la capacidad de los niños más grandes. Pero me imagino que tiene que ver con esa misma programación. Dependiendo de la edad a la que empieza la educación obligatoria, los adultos vamos perdiendo la confianza de que nuestros hijos son más que capaces de aprender sin imposición y control por parte de los adultos.

La consecuencia es que los adultos generalmente creen que las actividades de los niños tienen que ser dirigidas y supervisadas. Si no, el niño no aprenderá nada de “utilidad”. Y la mera definición de lo que es “útil”, la ponemos nosotros los adultos. No creemos que los niños sean capaces, por sí solos, de aprender, sobre todo si no van a la escuela. Por eso, en tantos países la escolarización es obligatoria, ya que “sin escuela, no hay aprendizaje”.

Como se ve realmente

Todo esto conlleva a que los adultos no tengan la capacidad de reconocer cómo se ve cuando un niño está realmente aprendiendo. Y eso puede afectar muy negativamente a todos esos momentos de verdadero aprendizaje, ya que es justo ahí cuando los adultos en general interfieren e interrumpen las actividades de los niños.

Personalmente tengo la gran oportunidad de, no sólo seguir el desarrollo de mi propio hijo desde que empezamos el proceso de desescolarización. Además, dirijo un Centro de Aprendizaje Ágil para niños y jóvenes que se basan en los principios de la educación autodirigida. Esto me ofrece la posibilidad de observar cómo se ve y cómo funciona, cuando niños y jóvenes aprenden por motivación propia, sin interferencias e imposiciones de parte de los adultos.

Cuando un niño es dueño de su propio aprendizaje, suele implicar que a veces brinque de una actividad a otra, otras veces, que se encuentre profundamente enfocado y concentrado, y en otras ocasiones que descanse enfocándose en otra cosa, y así sucesivamente. Como todo depende de todo, y una información no llega nunca separada de otra información (aunque eso puede ser difícil de creer después de años en el mundo escolar, fragmentado en diversas asignaturas), significa que al dirigir su propio aprendizaje, el punto de partida no necesariamente va a coincidir con el punto de llegada.

En general esto se ve como “puro juego”. Y es lo que es. El niño juega, se divierte, disfruta, solo o junto a otros. Y aprende muchísimas cosas que muchos adultos ni pueden percibir por falta de conocimientos acerca de lo que se aprende realmente en el juego libre: creatividad, toma de iniciativas, concentración, determinación, perseverancia, resiliencia, resolución de problemas y de conflictos, socialización, pensamiento crítico y científico, matemáticas y lecto-escritura.

Como se ve realmente

Todo esto, lo observo no sólo en mi hijo, sino en todos los niños que vienen a Explora. Mis colegas observan lo mismo que yo: los niños aprenden una tonelada de cosas, pero bajo formas lúdicas, placenteras y completamente autodirigidas. No hay obligaciones ni imposiciones. Parte de lo que hemos aprendido lo podríamos medir, si quisiéramos, pero no vemos ningún valor en eso. Lo principal es que estos niños están creciendo y desarrollándose en las áreas que han elegido ellos mismos. No estamos ahí para entretenerlos, controlarlos o supervisarlos. Nuestro trabajo consiste en apoyar a cada niño para que pueda ejecutar lo que quiere, sin intervenciones innecesarias. No cabe duda de si “tal vez estén aprendiendo”, es un hecho.

El punto es que, mientras la experiencia propia del niño es que se esté divirtiendo inmensamente al mismo tiempo que aprende un montón, para un adulto puede verse como una situación donde nadie puede aprender nada. “Solamente están jugando“, escucho a muchos decir.
La programación que nos hace creer que es difícil aprender, nos impide percibir que un niño aprende más justo cuando lo que hace es divertido. Nosotros mismos no precisamente disfrutamos de nuestra escolaridad, y erróneamente asociamos aprendizaje con algo aburrido y difícil. El caso es que, se vuelve en general difícil y aburrido cuando no hemos podido elegir la actividad o el área de interés, y/o cuando tenemos que aprender algo para lo cual no estamos todavía listos.

Si estuviera en mis manos reprogramar el entendimiento de los adultos, me encantaría que se viera así:

  • Cada persona es experta en lo que necesita saber y aprender en su vida. No importa la edad de la persona. La motivación llega cuando el niño tiene el control de su propio aprendizaje. Tu trabajo como adulto es confiar en la elección de tu hijo.
  • Un niño se conoce mejor que cualquier adulto. Sabe lo que le gusta y lo que quiere explorar. Por esa razón siempre debe tener el derecho de decidir qué quiere aprender. Tu trabajo como adulto es confiar en la capacidad de tu hijo.
  • Los niños aprenden perfectamente bien solos, y cuando son dueños de su propio aprendizaje no necesitan ninguna motivación externa. Por eso, tú como adulto no necesitas supervisar o controlar el aprendizaje. Tu trabajo como adulto es soltar el control, hacerte a un lado y confiar.
  • Es fácil aprender cuando uno tiene ganas, el cerebro está lo suficientemente maduro y cuando existe una necesidad. Por esta razón los niños no necesitan tareas. Practican lo que necesitan mientras están jugando y divirtiéndose. Tu trabajo como adulto es confiar en que tu hijo aprenda lo que necesite en el momento adecuado para él.
  • Ya que aprender es fácil, uno necesita dejar que el niño tenga la posibilidad de estructurar su día a su manera: dejar que haga lo que le llama la atención en el momento que elija. Si eso implica que haga una planeación desde la mañana, pues será maravilloso. Pero no tiene que seguir su planeación si surgen otras cosas en el camino, porque así pasa en la vida. O si, por el contrario, prefiere dejar que el día se desarrolle de manera espontánea, ¡es igual de maravilloso! Si el niño elige que haya silencio, música o algo más, eso es completamente irrelevante. Tu trabajo como adulto es confiar en la capacidad de tu hijo de crear las circunstancias más adecuadas para su propio aprendizaje.
  • Si no existen todos estos ingredientes, incluyendo los que ha definido Peter Gray, el niño no tendrá acceso a las circunstancias óptimas para aprender lo que necesita. Tu trabajo como adulto es proveerle de eso.

La escuela mata la creatividad

Sí, ya sé. Es el título de un TED talk muy famoso de Sir Ken Robinson. Y mi intención no era copiar el título, por muy bueno que sea.

He estado reflexionando sobre mis observaciones de este último año escolar, acerca de los niños escolarizados en comparación con los niños no escolarizados. Y llegué a exactamente la misma conclusión que Sir Ken Robinson: la escuela mata la creatividad.

Cuando hablo con otros papás y mamás sobre este tema, veo que les cuesta creerme. Ven a una europea con opiniones muy radicales y vanguardistas en cuanto a la educación, y piensan que estoy exagerando. Reflexionan sobre su propia educación, y no siempre perciben que a ellos mismos les falta creatividad, o si lo ven, creen que es porque simplemente “no son creativos”.

Mi perspectiva es diferente. Por un lado, porque tuve la oportunidad de crecer en un sistema que era bastante autodirigido: la pedagogía Montessori. Así que, desde pequeña tuve la oportunidad de experimentar lo que significa tomar iniciativas, hacerme responsable de los retos que surgían (por esa misma iniciativa) y resolverlos utilizando toda mi creatividad. Esto me ha llevado a lograr crear una vida sumamente autodirigida, donde me he mudado de un continente a otro a un país que no conocía previamente, aprendiendo a hablar un nuevo idioma y creando una vida completamente a partir de cero -incluyendo un total de cuatro proyectos de educación alternativa.

photo courtesy of the NYC Agile Learning Center
Photo courtesy of the NYC Agile Learning Center

Por otro lado, porque trabajo con niños y jóvenes (desde 2 a 12 años) en dos proyectos educativos que se basan en la aducación auto-dirigida, y veo todos los días el contraste entre los niños que nunca han ido a una escuela tradicional y los que sí han ido, y/o todavía van.

Para citar a uno de mis facilitadores: “¡La diferencia es abismal!”

Me da tanto gusto que sea él quien lo diga, porque es un docente con muchos años de experiencia y sigue activo en el sistema público aquí en México. Estos antecedentes generan a veces más credibilidad en los papás, puesto que significa combinar su experiencia, pero con el enfoque que yo tengo (que “tal vez funcione en Europa, pero de este lado del mundo, pues, ¿quién sabe?”)

Pero, ¿qué es lo que observamos?

Vemos que los niños que nunca han ido a un preescolar o escuela validada por el gobierno y que tienen papás “conscientes” (los educan de forma más respetuosa, confiando más en sus capacidades), son muy libres en su expresión. Significa que, expresan lo que piensan, sin miedo de ser corregidos, escuchan abiertamente y con curiosidad. También expresan unas infinitas ganas de explorar su entorno, lo que se traduce en una toma de iniciativa constante para crear lo que deseen en cada momento.

photo courtesy of the NYC Agile Learning Center
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Teniendo la libertad de explorar, estos niños juegan por iniciativa propia de manera muy independiente y sólo piden ayuda o interferencia cuando sus intentos han fracasado demasiadas veces. En general, según mis observaciones, eso sucede más frecuentemente por fallas en la comunicación y en las negociaciones con sus compañeros, que en el juego mismo. Autogestionan su tiempo y autodirigen sus actividades. Es una belleza observarlos en acción.

¿Qué pasa entonces con los niños que ya fueron a un preescolar tradicional, aún si sólo fueron por un par de meses?

Lo que se nota de inmediato es la falta de toma de iniciativas. El niño o niña tarda en incorporarse al juego con los demás niños. En vez de ir a jugar de manera natural, se dirigen a las maestras preguntándoles qué deben hacer, qué va a pasar ahora, y con mucha frecuencia dicen: “Estoy aburrido/a. No sé qué hacer.”

Luego observamos que se restringen para poder satisfacer sus necesidades básicas. Nos puede confundir ese comportamiento y hacernos pensar que son niños “muy bien portados, muy educados”, porque para cada cosa piden permiso: “¿Puedo ir al baño? ¿Puedo tomar agua? ¿Puedo usar tal y tal juguete?” Pero, en realidad no es muestra de una buena educación, sino de una represión de sus necesidades y ganas, nada más.

photo courtesy of the NYC Agile Learning Center
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Cuando yo veo esto en un niño de edad preescolar, me entristece. No puede ser que sea tan fácil moldear a un ser humano y que desaparezcan sus iniciativas y su libre expresión. ¿Con qué derecho los adultos hacen esto a los niños? En general es por pura ignorancia, y sé que si nunca has visto a un niño libre, igual crees que es completamente normal. Sí, se ha vuelto la norma, pero natural no lo es. Es producto de las escuelas basadas en una currícula impuesta por adultos que, en realidad, desconocen sobre las necesidades reales de los niños y jóvenes y desconocen sobre cómo aprende a profundidad el ser humano.

Cuando un niño libre pinta, dibuja o trabaja con materiales artísticos, lo hace con gozo y con el fin de explorar colores, texturas y sensaciones.

Un niño que ha pasado tiempo en un preescolar tradicional lo hace con otra intención. Se detiene. Mira a los demás. Si ve algo que le gusta, lo copia. Y luego pregunta: “¿Quedó bien así? ¿Es bonito?” Porque ya aprendió que el proceso no importa, sino el resultado. Y pide siempre la validación del adulto.

El mismo patrón se repite con los niños más grandes y los jóvenes.

Los niños desescolarizados tienen una expresión muy diferente a los niños escolarizados. Los últimos se quedan sin hacer nada. Expresan aburrimiento y el “no saber qué hacer”. No tienen iniciativa, se quedan mirando al adulto en espera de que el adulto les resuelva su aburrimiento. Y cuando por fin se lanzan a hacer algo, en general están copiando a otros niños que ya supieron tomar iniciativa y crear algo propio. Puede ser hacer un dibujo o hacer una cabaña con palos y ramas, no importa, el patrón es el mismo: copian lo que ven, no crean algo por ellos mismos.

photo courtesy of the NYC Agile Learning Center
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A diferencia, los niños desescolarizados se comportan de manera muy distinta. Tienen un propósito muy claro de lo que quieren lograr. Se lanzan al intento. Si fracasan demasiadas veces, buscan información de cómo lograrlo mejor (preguntando a un adulto o, con frecuencia, buscando la respuesta en internet). No cesan en sus intentos de crear lo que necesitan o lo que les emociona en el tiempo presente. Son definitivamente autodirigidos. Y… es una belleza observarlos en acción.

Siempre he pensado que la escuela mata la creatividad. Pero después de este año de observaciones y tantas experiencias concretas con niños escolarizados y niños desescolarizados, tengo que admitir que estoy en shock. No sabía que era tan fácil matar su creatividad. No tenía idea de que, si empiezas a una edad temprana, el resultado es inmediato.

¿Pueden sanar los niños y recuperar su creatividad?

Sí pueden. Pero no siempre es fácil y es normal que tarden. Depende mucho de la actitud de los padres y madres, de qué tan conscientes sean y de qué tanto logren ellos mismos desescolarizar sus mentes y mejorar el comportamiento hacia sus hijos. Tenemos que aprender a confiar en la capacidad en nuestros hijos, hacernos a un lado y dejar que se aburran en vez de intentar resolverles su situación. Eso sólo lleva a que nunca sean capaces de hacerlo por ellos mismos.

Necesitamos también aprender a confiar en las elecciones de nuestros hijos, y no juzgar sus intereses como inapropiados, inútiles o superficiales. Eso les restringirá por completo para poder desarrollar su creatividad. Hay que recordar que aprender es natural y pasa todo el tiempo, y que cada actividad humana conlleva un aprendizaje. Es el derecho de cada niño y niña a decidir cuál es esa actividad, y qué es lo que necesita aprender. Si nos metemos nosotros y empezamos a interferir en sus procesos, vamos a repetir el mismo error que las escuelas, matando la creatividad de los niños.

Los riesgos de la educación auto-dirigida

Me he dado cuenta de que muchos adultos piensan que la educación auto-dirigida es algo riesgoso. Por esa razón he tomado la decisión de escribir un poco sobre los riesgos que sí implica apostarle a una educación tan diferente, donde es el niño quien tiene el control y la responsabilidad de su propio aprendizaje.

El hecho de que no haya una escuela basada en este método, que pueda ofrecer una validación oficial, resaltará tal vez como un primer riesgo. Lo que deseas como padre y madre, no sólo es lo “mejor” para tus hijos, pero lo que te parezca también más seguro. Dirías, ¿”quién no prefiere saltar con un paracaídas”?

Los riesgos de la Educación Autodirigida

Y en el proceso de evaluar las opciones para tus hijos, te parecerá probablemente todavía, que una validación de la Secretaría de Educación Pública, es el paracaídas más seguro. Lo que realmente quieres, es algo que asegure que tus hijos tengan éxito en sus vidas. Y sientes que ese papel lo puede garantizar.

Lo que en realidad no asimilas aún es el hecho de que esa validación no puede nunca garantizar tal cosa. El éxito de los hijos depende enteramente de ellos mismos, y de ciertas capacidades que desafortunadamente no se aprenden en las escuelas del sistema educativo tradicional. Hablo de la toma de iniciativas y de decisiones, la resolución de problemas, la responsabilidad, la perseverancia y la resiliencia, y obviamente la creatividad.

Pero regresando a la educación auto-dirigida: ¿por qué piensan muchos que implica riesgos?

Primero, porque significa soltar el control de los hijos. Si le apuestas a una educación que se basa en que los mismos niños elijan qué aprender y en qué momento, tú como padre o madre, ya no puedes controlarlos. Y eso es sumamente retador, en una sociedad donde pensamos que por ser adultos no sólo sabemos más, sino mejor que los niños (que todavía no han vivido tanto tiempo como nosotros). Puede ser completamente aterrador desafiar a esta idea que tenemos, y eso puede que sí represente un riesgo para ti. Es siempre difícil cambiar de paradigma, y sobre todo cuando se trata de soltar el control.

Porque ahí aparece automáticamente otro riesgo más: soltando el control, vas a tener que confiar en la capacidad de tus hijos. Esto implica confiar en que ellos mismos sí son capaces de definir lo que necesitan aprender en la vida – y también cuándo y dónde. Y frecuentemente tú como madre o padre no crees que sean capaces de eso.

Los riesgos de la Educación Autodirigida

A pesar de las numerosas investigaciones científicas que demuestran que sí son capaces (y aún si las leíste todas) va tan en contra del paradigma actual, que te parecerá demasiado riesgoso ni tan siquiera intentar confiar en tus hijos. Y podrás justificarlo reflexionando que tal vez en Europa o en Los Estados Unidos sí funciona, pero aquí en Latinoamérica, no estamos todavía ahí. Pero, en general se trata de una proyección: igual tú no confías en ti mismo/a, y eso impide que puedas confiar en tus hijos. Y obviamente percibirás la educación auto-dirigida como un riesgo.

Ahora, si metes a tus hijos en una escuela que se basa en este tipo de educación, o si decides hacer desescolarización fuera de una escuela, van a surgir otras cosas que probablemente también percibirás como riesgos.

Porque, si tus hijos tienen el poder de decidir a qué se quieren dedicar, eso significa que van a empezar a tomar iniciativas y decisiones propias. Y eso, definitivamente implicará un riesgo para ti. Porque, ¿qué tal si toman una iniciativa que va en contra de lo que a ti te parece “mejor”? ¿Qué tal, por ejemplo, si quieren trepar un árbol muy alto? ¿O si quieren subirse al techo de tu casa? ¿O pasar toda una semana viendo Youtube? ¿O sólo estar maquillándose el día entero y chismeando con las amigas?

Seguramente no te va a parecer. Vas a pensar que no están evaluando “bien” los riesgos que implica expandir sus capacidades físicas (“Mi hijo no mide los riesgos”). O que están malgastando su tiempo en actividades que no sirven para nada (“Mi hija no sabe priorizar cosas útiles en la vida” o “Mis hijos sólo pasan el tiempo jugando”). Y te va a parecer más que riesgoso meter a tus hijos en un formato educativo que se basa en confiar en ellos. Desde siempre te han estado demostrando que no se puede (y que no se debe) confiar en ellos porque eligen dedicarse a cosas “inútiles” en vez de cosas más “productivas”. Y mejor no sueltas el control ya que “tú sabes mejor que ellos lo que necesitan”.

Los riesgos de la Educación Autodirigida

Ahora, si ponemos tus juicios y convicciones de un lado, y retamos un poco tu mente: ¿cómo puedes tú saber qué es mejor para tus hijos? ¿Cómo puedes tú saber cuál es su camino en la vida, su misión y su pasión? Sabías que muchos estudios dicen que en 20 años, 80 a 90% de las profesiones que existen hoy en día ya no existirán? Sabías que, ¿la mayor parte de las nuevas profesiones que surgirán, ni han sido todavía inventadas ni pensadas? Así que, ¿cómo puedes tú saber lo que es mejor para tus hijos?

¿Qué tal si tu hija se dedica a algo “tan superficial” como la moda? Y tú, por creer que no tiene fondo, le prohibes dedicarse a lo que más le gusta… y sin darte cuenta, le quitas la posibilidad de volverse experta en diseño.

¿Qué tal si tu hijo, “que está malgastando su tiempo viendo Youtube”, está aprendiendo cosas vitales para él? Por ejemplo: cómo construir algo que le interesa, o está almacenando información sobre algo que quisiera hacer él mismo pero que necesita inspirarse mucho antes de intentarlo.

¿Qué tal si está desarrollando su pensamiento crítico porque empieza a comparar cómo hacen publicaciones en Youtube, y empieza a lograr verbalizar por qué unos son buenos y otros no tan buenos?

Los riesgos de la Educación Autodirigida

O estos niños “tan atrevidos que no se miden y siempre quieren hacer lo más peligroso”… ¿Podrían posiblemente estar aprendiendo algo valioso? ¿Qué tal si están descubriendo sus límites físicos, sabiendo cómo retar al cuerpo y ver de qué son capaces? Tal vez están superando miedos y resolviendo problemas que aparecen en sus exploraciones, obligándose a ser creativos porque ellos mismos decidieron estar en una situación compleja y ellos saben que pueden resolverla. Esas son capacidades que realmente les servirán en sus vidas, y son cosas que nunca podrían aprender en una escuela tradicional.

“¡Pero se pueden lastimar!” Sí, es cierto. Se pueden lastimar y muy seguramente eso puede suceder. Podrá parecer demasiado peligroso dejarlos explorar sus límites físicos, pero, ¿sabías que en los deportes organizados y competitivos los niños se lastiman muchísimo más que cuando exploran libremente sin la supervisión de adultos? Y sabías que, ¿a través del riesgo y daño físico, los niños aprenden a lidiar mejor con sus decepciones emocionales y sus retos psicológicos a lo largo de su crecimiento?

La verdad es que, tú como madre o padre no sabrías lo que están realmente aprendiendo tus hijos, pero se los querrías impedir. Porque no tendrías el control y no entenderías cómo pueden aprender cosas relevantes haciendo lo que tú no entenderías. Y eso, te parece riesgoso.

Pero tal vez más riesgoso te parecería, que bajo la educación auto-dirigida, tus hijos, por tomar sus propias iniciativas y decisiones, se van a equivocar. Y van a fracasar en sus intentos. Y si tienes una tendencia a quererlos sobreproteger, porque no confías en su capacidad de ser resilientes (levantarse después de un fracaso y volverlo a intentar, fortaleciéndose cada vez más), entonces definitivamente te parecerá muy riesgosa esta educación.

Los riesgos de la Educación Autodirigida

Además, porque cuando tú sueltes el control y empieces a confiar, tus hijos desarrollarán su voluntad propia. Y la expresarán plenamente. Y te parecerán seguramente desobedientes o rebeldes. Pero el punto que quizá no ves, es que al mismo tiempo, tus hijos se estarán volviendo independientes. No debería de verse como un riesgo, pero entiendo que hay padres y madres que no quieren ver que sus hijos se independicen. Los quieren ver chiquitos y dependientes para siempre. Así son más fáciles de controlar. No importa si interfiere con su capacidad de crear una vida autosuficiente emocional y materialmente.

Para concluir, los “riesgos” de la educación auto-dirigida sí son muchos. Tus hijos se volverán independientes, con una gran capacidad de tomar iniciativas y decisiones propias, creativos y talentosos para resolver problemas y encontrar nuevas soluciones. Te retarán constantemente y te obligarán a desarrollarte y crecer como persona. Desarrollarán una fuerte voluntad que podrá chocar a veces con la tuya. Cuestionarán los modelos de autoridad: la tuya, la de ciertas leyes o instituciones. Vivirán fracasos y experimentarán equivocándose, y desarrollarán perseverancia y resiliencia. Y puede ser muy muy difícil, lidiar con todo esto si tú, como madre o padre, no estás todavía lista/o de bajarte de tu trono de adulto desde donde tú tienes todo el control.

Los riesgos de la Educación Autodirigida

El último riesgo que existe en la educación auto-dirigida, es que tus hijos se vuelvan tan diferentes a las demás personas que tal vez no encajen mucho en la sociedad a la que pertenezcas. Puede ser un riesgo si quieres forzosamente que tus hijos se vuelvan empleados clásicos que obedezcan órdenes y hagan lo que se les dice. También representará un riesgo si te encanta la sociedad tal y como está en este momento.
Pero si no tienes problemas con que tus hijos se vuelvan emprendedores e innovadores, responsables de quienes son y capaces de crear su propia vida y lo que necesitan para autosustentarse, o si piensas que es momento de que sí cambie la sociedad, la Educación Autodirigida es todo, menos un riesgo.

Al contrario, es una enorme solución para todas las familias que, como tú, quieren empoderar a sus hijos, equipándolos con las capacidades más significativas que hay para garantizarles su éxito en el futuro. Y también, es el inicio de la resolución de muchos problemas con los cuales cargamos en las sociedades humanas.

Los ingredientes de la educación auto-dirigida

La mayor parte de las familias, todavía están muy lejos de considerar una escuela donde los niños y los adolescentes se encarguen de su propia educación. Donde no hay salones ni maestros, donde no exista un plan de estudios, tareas, exámenes o calificaciones. Lo puedo entender, ya que la mayor parte de los adultos han vivido la experiencia de una escolarización muy tradicional, donde todo lo antes mencionado es considerado la clave de una educación exitosa.

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Sin embargo, casi todos estamos de acuerdo que el sistema educativo convencional está fallando, que está obsoleto. Consideramos que los niños están malgastando su tiempo en la memorización de datos y hechos que, por un lado no son muy útiles en la vida real y que, por el otro, pueden encontrar con facilidad en Google en el momento que lo deseen.

Hay diferentes pedagogías alternativas, y en general son buenas. Pero hay sólo una rama que deja la total libertad y responsabilidad de su propia educación a los mismos alumnos: la educación auto-dirigida. Hay una cantidad enorme de investigaciones científicas que demuestran que este tipo de educación sí funciona – y funciona muy bien. ¿Por qué? Porque es la forma natural en la cual aprende el ser humano. Así aprendemos a caminar y hablar, así podemos aprender todo lo demás. Aprendemos principalmente por necesidad, interés y pasión. Eso es el gran motor que nos empuja adelante: porque nosotros mismos lo queremos.

A ningún padre o madre se les ocurriría ponerle tarea o ejercicios extras a su bebé para que aprenda a hablar o caminar. Tampoco pensaríamos en evaluar sus capacidades haciéndole pasar un examen o calificando sus avances. Vemos que aprende explorando libremente su mundo, jugando e interactuando con los objetos y las personas a su alrededor y con eso estamos satisfechos – hasta que cumplan la edad de la escolarización. De repente cambia todo.

En Suecia, mi país de origen, eso sucede a los siete años. En el estado de Oaxaca, México, donde radico, pasa a los tres años. Ya se acabó el juego. A partir de este momento (según decisiones tomadas por personas que saben muy poco sobre cómo aprende el ser humano) el niño necesita aprender por imposición. Y se acaba la confianza que teníamos en los bebés: de que sí son capaces de aprender por su propia motivación. Los bebés sí pueden, pero cuando están más grandes no. Extraño, ¿no crees?

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No obstante, hay familias que sí están dispuestas a dejar que sus hijos aprendan bajo un formato de auto-dirección – o en familia, o en escuelas basadas sobre este mismo concepto. Estas familias valientes entran en un camino retador. Por un lado porque eso implica que tengan que seguir confiando en la capacidad de aprender de sus hijos, aunque nadie más lo haga. Por el otro, porque dejar que sus hijos estén a cargo de su propio aprendizaje, es la absoluta antítesis de cómo funciona “el aprendizaje” en una escuela tradicional. Y eso va en contra de toda la sociedad. Estas familias están constantemente expuestas a las críticas de sus cercanos que no pueden entender, “¡cómo pueden ser tan irresponsables de confiar en la capacidad de aprender de sus hijos!”. Obviamente, esta presión constante les genera incertidumbre. Y dudas, de hecho, ya tienen suficientes.

Porque a pesar de haber tomado la decisión de confiar en sus hijos, y a pesar de todas las investigaciones que apoyan esta forma de aprender, no es nada fácil realmente confiar en los niños. Tenemos tanta programación mental que nos indica que somos más inteligentes que los niños y que sabemos mucho más que ellos, que no puede ser que ellos mismos (tan chiquitos) sepan administrar y gestionar su propio tiempo de manera inteligente, y que realmente sepan sacarle provecho y aprender (sobre todo cuando en realidad lo único que parecen estar haciendo es jugar…). Esa mentalidad se llama adultismo y es algo de lo primero que tenemos que confrontar en nosotros mismos al entrar en el camino del la desescolarización.

Las propias dudas nuestras, el cuestionamiento de los demás, viejos paradigmas mentales como el adultismo, la falta de confianza en el niño y su capacidad etc., son cosas que hacen que el camino de desescolarización se vuelva un camino de valientes. Y muchos padres y madres se preguntan cómo pueden estar seguros de que sí salgan exitosos sus hijos, y cómo pueden asegurarse de darles el máximo apoyo para que así sea.

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Para todos estos padres y madres les tengo una buena noticia: sí hay ingredientes que son necesarios para lograr una educación autodirigida exitosa. Peter Gray los ha reunido en un artículo que se llama, The Natural Environment for Children´s Self-Education. Si podemos juntar todos esos ingredientes y ofrecérselos a nuestros hijos, quitándonos de su camino y confiando en sus capacidades, de verdad no necesitamos dudar más. Aquí vienen bajo mi interpretación:

Tiempo y espacio para el juego y la libre exploración

Para que nuestros hijos puedan aprender a través del juego, necesitan una cantidad enorme de tiempo para jugar y explorar – sin interferencia o imposición de adultos (¡mucho ojo papás y mamás controladores!). También necesitan espacio para poder explorar su entorno libremente, poder salirse y tener acceso a la naturaleza – con toda su variedad.

Edades mezcladas

Los niños aprenden enormemente el uno del otro cuando tienen la posibilidad de convivir fuera de la segregación de edades. Los más chiquitos ven a los más grandes y perseveran para poder hacer todo lo que saben hacer ellos. Los más grandes aprenden compasión y empatía al cuidar a los más chicos, y les enseñan a hacer cosas que nunca podrían aprender si estuvieran en un grupo de puros niños de la misma edad.

Acceso a adultos afectuosos con conocimiento

Adultos que puedan ofrecer un máximo de apoyo con un mínimo de interferencia, es algo que todos los niños necesitan. Poder acceder a la ayuda y el apoyo (físico, intelectual o emocional) de parte de un adulto a quien realmente le importa el niño, cuando el niño mismo lo necesite y lo desee, es algo muy valioso. Si este ingrediente no existe, fácilmente el entorno de los niños se transforma en algo parecido a lo que sucede en El Señor de las Moscas.

Acceso a herramientas diferentes

Para que un niño pueda aprender libremente, necesita acceso a una variedad grande de herramientas. Utensilios de la cocina, computadoras, material artístico, herramientas de carpintería y jardinería y equipamiento deportivo forman todos parte de lo que necesita el niño para aprender – aunque elija no usar todo.

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Acceso a un libre intercambio de ideas

El desarrollo intelectual sucede cuando una persona tiene la oportunidad de tomar parte en discusiones libremente, donde puede escuchar ideas y opiniones diferentes y opuestas sin censura. Esto les ayuda a poder desarrollar sus propias opiniones y también el respeto a la opinión del otro. Los adultos necesitamos aprender a superar nuestra propia incomodidad frente a temas difíciles y lograr compartir sin censura (y sin morbo) y confiar en la capacidad de los niños de poder lidiar con lo que escuchan.

Ausencia de bullying y de bullys

Para que un niño pueda jugar y explorar libremente, necesita sentirse a salvo física y emocionalmente. La creación de una cultura consciente, donde se respetan las diferencias es vital para que un aprendizaje sano pueda suceder. Es fundamental que los niños formen parte del proceso de elaboración de los acuerdos, pero es de igual importancia que los pongan en práctica y que los actualicen cuando sea necesario. Esto garantiza un ambiente sano para todos.

Inmersión en procesos democráticos

La posibilidad de formar parte en procesos democráticos ayuda al niño a fomentar la responsabilidad de su propio aprendizaje y a aumentar su motivación. Si la opinión de cada persona realmente impacta, es necesario que uno piense muy bien antes de darle voz a su opinión. Cada persona es responsable de sí misma, pero también de su comunidad.

Admito que al inicio esto no es nada fácil. Pero una vez que tomas la decisión, tu trabajo como padre o madre se vuelve en ofrecerles a tus hijos todas las circunstancias donde puedan jugar y explorar libremente, confiando en su capacidad innata de aprender lo que necesitan en el momento que ellos mismos lo elijan. Y eso es tal vez lo que más valor requiere: hacernos de un lado, soltar el control y dejar de impedir que aprendan lo que ellos mismos escojan.

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