Home » Artículos » Archives for Rebecka

By Rebecka

Lo que hace el sistema educativo tradicional a nuestros hijos

Son muchos años que tengo la oportunidad de observar cómo se comportan los niños en general, y cuáles son las diferencias que observo entre niños que están en el sistema educativo tradicional y los que están en sistemas alternativos.

Todos los niños aprenden de los adultos. Somos sus modelos y ejemplos. Si nosotros aprendemos a validar las emociones de los niños, y los escuchamos sin juzgar, criticar, regañar o intentar controlarlos, ellos aprenden a ponerles nombre a sus emociones, a reconocerlas y con el tiempo también de aprender a controlar sus reacciones. Aprenden a escucharse a sí mismos, y por ende también a escuchar a los demás – lo que desarrolla la empatía y la compasión hacia los demás.

Pero el sistema educativo tradicional no es así. En ese sistema, los adultos no escuchan a los niños. Son los niños que tienen que escuchar a los adultos, que les interese o no, si les hace relevante o no. Es por imposición y dominación, y la comunicación va de arriba hacia abajo – y no de manera horizontal desde un ser humano a otro ser humano.

Esto crea en los niños una carencia emocional: la de ser escuchados. Esa falta les lleva 1) a gritar para que los escuchemos 2) a no escuchar a los demás. Lo he observado vez tras vez. Es frustrante no ser escuchado. De hecho es una muestra de falta de respeto de parte de los adultos hacia los niños, y esa falta de respeto genera más falta de respeto: entre los niños mismos. “Yo no te voy a escuchar porque no me interesa. Pero tú sí me vas a escuchar a mí y hacer lo que yo quiero.”

Para mi, la primera señal de si una persona tiene capacidad de comunicación o no, es la capacidad de escuchar al otro. No el expresarse.

La imposición y la obligación de hacer lo que otra persona manda, es una forma de violencia que se ejerce todos los días en las escuelas, y muchas veces también en las casas. Ni lo cuestionamos, porque estamos tan acostumbrados a estos métodos que los consideramos normales. El no escuchar al otro, en realidad es una gran falta de respeto por los derechos ajenos, pero tampoco lo cuestionamos porque vivimos en una sociedad violenta donde es normal que los que tienen el poder (si son los padres, maestros, gobernadores, senadores o el presidente, es sin importar) no escuchan a los que están a su cargo, no los respetan sino les imponen lo que ellos consideran lo correcto, lo importante o lo adecuado. No vemos que es una actitud violenta y opresiva, porque lo hemos vivido desde bebés. Es parte de la normalidad – y parte de lo que se llama la mente escolarizada. Pensamos que así tiene que ser y no buscamos otras maneras más funcionales para operar en el día en día.

Creo que pocas personas están en desacuerdo cuando digo que vivimos en una sociedad violenta y opresora. Pero de ahí a reconocer que nosotros mismos estamos repitiendo esos patrones hay un abismo. Y el hecho que el sistema educativo así está construido, es simplemente como siempre ha sido.

Sin embargo, yo veo todos los días que no tiene por que ser así, en los niños que han crecido con la libertad de ser quienes son, que han tenido la oportunidad de gestionar su propio tiempo, desarrollar la toma de decisiones y de iniciativas, que han aprendido a hacerse cargo de las consecuencias de esas dichas tomas de decisiones e iniciativas. Se vuelven creativos y constructivos, y pasan su tiempo diviertiéndose explorando sus intereses y aprendiendo de manera natural.

A diferencia, los niños que no han tenido esta oportunidad porque están en un sistema donde no se les escucha, donde ni hay recreo o juego libre y donde, por las tardes, tampoco tienen la posibilidad de jugar libremente porque tienen tareas (con sus exámenes y calificaciones pendientes), y luego todavía más actividades dirigidas por adultos – estos niños no saben cómo manejar la libertad cuando les llega.

Cuando por fin sí tienen acceso a libertad, los veo casi abrumados de esa misma libertad. Y agarran la posibilidad de hacer lo que se les da la gana, sin considerar las necesidades de los demás. Y sin la capacidad de generar ideas creativas y constructivas. Como nunca han tenido la oportunidad de desarrollar ese lado positivo, no saben cómo hacerle. Van directo a lo más prohibido, lo más peligroso – hambrientos de libertad. Y las actitudes de los bullies ahí están. Agresiones verbales y hasta físicas. La falta total del respeto hacia el “¡Para! No me gusta.” Cero capacidad de respetar los acuerdos entre todos, y del escuchar al otro.

Y esto, no es normal. Es el fruto de un sistema opresivo y violento. Pero es un fruto que es considerado la norma, simplemente porque no hemos vivido otra cosa. Pero normal, no lo es. Los niños que crecen en entornos pacíficos, no se vuelven agresivos. Los niños que han sido escuchados y respetados escuchan y respetan.

La buena noticia es que sí se puede revertir este proceso. Pero requiere un trabajo de desescolarización – no sólo del niño sino también de los papás. Nosotros tenemos la responsabilidad de la educación de nuestros hijos. Pero eso no significa dominarlos, sino regalarles lo más bonito que hay en la vida: la libertad de ser quienes son y de desarrollarse como ellos mismos desean. Para lograr eso hace falta soltar el control y aprender a confiar en las capacidades de nuestros hijos. No es fácil cuando nunca lo has hecho, pero si entiendes porqué es importante te vas a esforzar para desescolarizarte a ti también.

¿Qué es la desescolarización?

A veces es complicado explicar exactamente qué es Explora. Puedo decir que es un Centro de Aprendizaje Ágil – lo que es cierto ya que pertenece a la red de Agile Learning Centers. Pero en realidad nadie aquí en México entiende qué es eso.

Puedo decir que es un centro de convivencia y desarrollo juvenil – lo que también es cierto. Sólo que eso tampoco es toda la verdad, porque Explora es tanto más que eso.

Si digo la verdad, que Explora es un proyecto de desescolarización, tendré que entrar en una plática que podría durar días. Porque para entender qué es la desescolarización, también tendría que explicar qué es la escolarización y qué significa tener una mente y actitudes escolarizadas. Podría probablemente escribir todo un libro sobre ese tema, pero como sé que muy poca gente leería un libro así, prefiero hacerles la vida más fácil e introducirles a este concepto de desescolarización a través de una entrevista que tuve la oportunidad de hacer con un panel de expertos en el tema.

Sí, es larga: dos horas. Pero sí vale la pena. Y es necesario verla para poder empezar a entender qué es Explora y cuáles son los beneficios para los niños. Si no tienes dos horas consecutivas, vela por cachos de 15 minutos. Regálate esa oportunidad. Es para el bien de tu hijo o hija.

Incentivando la toma de iniciativas

Ya son tres semanas que nuestro Centro de Aprendizaje Ágil está funcionando. Ha sido muy emocionante ver cómo están llegando niños de diferentes clases socio-económicas y de distintas culturas para convivir en un mismo lugar. Es algo bastante único que casi nunca sucede en nuestro país, donde las diferencias entre las personas que tienen y las que no tienen han creado abismos.

Lo que observamos todos los facilitadores es que la diferencia más grande reside entre los niños que son bi-culturales (o sea que tienen un papá  una mamá de otro país) y de los niños cuyos papás son puramente mexicanos.

Los niños bi-culturales son los que toman iniciativa propia y que inician actividades sin el apoyo de los facilitadores. Si quieren jugar a las atrapadas, lo hacen y ya. Si quieren tejer, van por las madejas de estambre, piden ayuda si lo necesitan y ya.

Los niños mono-culturales no se comportan así. Sí ponen sus intenciones bien claras. Luego se quedan esperando que uno de los facilitadores dirija el juego o la actividad.

Nos ha preocupado bastante esa actitud, porque les llevará a una posición muy pasiva en la sociedad. Al no tomar iniciativas, no podrán salirse adelante, superarse y/o mejorar sus vidas. Pensamos que es algo que se les enseña desde chiquitos, en las mismas familias y que luego se refuerza en el sistema educativo tradicional.

Nuestro papel como facilitadores no es hacer que los niños se activen. Es darles el máximo apoyo y el mínimo de interferencia para que ellos mismos puedan hacer lo que les llama la atención.

A veces eso significa tomar unos pasos hacia atrás, y “desaparecer” de la vista de los niños para no intimidarlos con nuestra presencia, porque ellos ya vienen programados con la idea de que hay que complacer al adulto y hacer lo que creen que quiere el adulto.

Es obvio que el sistema educativo tradicional no está favoreciendo la toma de iniciativas y de responsabilidades. Tampoco incita a investigar por uno mismo y usar su propia creatividad para encontrar las soluciones a los retos que surgen, porque en las escuelas sólo se permite una sola respuesta a cada pregunta.

Tampoco logra un ambiente de confianza y respeto mutuo – algo que estamos trabajando muy conscientemente para crear en Explora. El obstáculo que tenemos reside en cómo están hechas las estructuras familiares y las escuelas donde muchas veces la violencia verbal y, lamentablemente todavía, física es considerada una normalidad.

Cómo estamos intentando revertir las consecuencias de esa violencia, les compartiré en el próximo blog.

img_20160921_195152dsc_2520

Taller de tejer – ¡hasta los facilitadores se animaron!

img_20160924_185343 img_20160924_185455

Jugando a “ninjas” – un juego que crea conexiones, movimiento físico y mucha diversión.

 

El juego finito vs. el juego infinito

Cuando los niños juegan, o mejor dicho cuando las personas juegan, existen dos posibilidades: los juegos finitos y los infinitos.

Los juegos finitos son juegos que tienen reglas y posibilidades preestablecidas y tienen un final. Son jugados con el propósito de ganar, de obtener un objetivo, y cuando este es logrado el juego termina.

  • Las reglas no pueden ser cambiadas.
  • Validación proviene de los demás (árbitro, entrenador, padres, jefes etc.)
  • Crea competencia, competidores, oponentes.
  • Una meta nueva es necesaria cada vez que el juego termina (“Ya obtuve un grado/diploma/certificado… ¿Ahora qué?)
  • Obtener el grado para obtener un trabajo para obtener dinero para obtener prestigio para obtener…
  • La meta del juego es obtener los puntos/trofeos/niveles/símbolo de estatus etc.

Por otro lado, los juegos infinitos se juegan por jugar, no para obtener o lograr nada. En un juego infinito hay cambio, opción y elección, hay ligereza, dinamismo y colaboración. Al juego infinito se le da comienzo y la duración y el resultado del juego permanece indeterminado y abierto. Este tipo de juego, ya sea en el recreo o en la vida, le da bienvenida a la espontaneidad, lo cual se presta para relaciones y experiencias genuinas.

  • Se permite el cambio, la opción, la elección.
  • La duración, la dirección y el resultado permanecen inciertos.
  • Validación/satisfacción proviene de adentro del jugador (intrínseca).
  • La meta ES el juego mismo y el acto de jugar.
  • Crea jugadores infinitos, colaboradores, compañeros de juego.
  • Permite espacio para la improvisación, la flexibilidad y la creatividad espontánea.
  • Fomenta relaciones y experiencias genuinas y relevantes.
  • Los niños, las personas juegan juegos infinitos naturalmente (si se les permite).
  • Siempre es evidente el elemento de la elección.

El juego infinito se juega con el propósito de continuar jugando. Un ejemplo de esto son los juegos de pretender como “jugar a la casita”. No hay objetivo final; el propósito es el juego mismo. Mientras el juego continúa, las reglas van cambiando, condiciones son inventadas, nuevos jugadores o “juguetes” son añadidos para ayudar a que el juego mejore y continúe. Mientras que los juegos finitos pueden ser divertidos y recompensantes, el juego infinito permite que pongamos en práctica la creatividad y que los jugadores se involucren y se relacionen profunda y personalmente entre sí. El poder de este tipo de juego está en permitir la participación activa y genuina sin que nadie se sienta limitado por la necesidad de llegar a ninguna meta o resultado en particular.

Este concepto, por supuesto, puede ser extendido a contextos más amplios. En la vida hay muchas experiencias en las cuales participamos con un objetivo o meta en mente. Vamos al supermercado con la meta de comprar alimentos. Luego de que se logra este objetivo este “juego finito” termina.

Ejemplo de un juego infinito en la vida sería el ser un amigo para alguien. Mientras vamos teniendo la experiencia de una amistad hacemos planes el uno con el otro, tenemos desacuerdos, los resolvemos juntos, y ajustamos nuestras interacciones en el camino para ayudar que la amistad continúe. En este “juego” no hay un fin determinado; la amistad en sí y el mantenerla es el objetivo.

Sin embargo, en la vida no siempre hay distinciones claras entre juegos finitos y juegos infinitos. De hecho la diferencia está en nuestra percepción. Posiblemente conocemos a alguien que ha visto una relación como un juego finito el cual debe ser ganado en vez de como una experiencia flexible y siempre cambiante. En este contexto se está constantemente buscando quien está ganando y la pareja se vuelve tu oponente.  La habilidad de involucrarnos y entendernos completamente uno al otro se pierde en una perspectiva como esta y la relación probablemente resulte poco duradera.

Cuando conscientemente escogemos percibir nuestras experiencias como parte de un juego infinito obtenemos la libertad de responder flexiblemente ante cualquier situación que emerja. Nos volvemos flexibles y resilientes cuando las cosas no salen como planificadas. Nos volvemos dinámicos y creativos al llegar a un punto inesperado. También desarrollamos relaciones más fuertes con las personas que nos rodean, con quienes jugamos y buscamos ayuda para continuar jugando. Mientras que alguien con una mentalidad finita se estanca en los obstáculos y se agobia por situaciones difíciles. Aquellos con mentalidades infinitas están motivados a encontrar soluciones a problemas para poder moverse hacia adelante (y seguir jugando).

En el contexto de un Centro de Aprendizaje Ágil (ALC, por sus siglas en inglés) el facilitador necesita tener una mentalidad infinita. No hay un “ganar” o “perder” en el aprendizaje.  La educación tradicional ve el aprendizaje de manera finita: memoriza este hecho, devuélvelo en un papel y ya terminaste. Pero el punto de la educación está en el proceso, no en la meta. Cuando se trata de facilitar aprendizaje no hay tal cosa como “ganar”.  En vez de ocuparnos de buscar la forma “correcta” de hacer las cosas, debemos pensar en qué es lo que mejor nos sirve para que el juego continúe – o – enqué es lo que mejor protege y nutre la relación con un estudiante y que asisten a la perpetuación de su aprendizaje.

También debemos ayudar a los niños a ver de manera infinita. Ellos pueden cambiar los juegos de finitos a infinitos cambiando las reglas, y pueden jugar juegos infinitos con resiliencia y gracia porque ven mas allá del juego. Podrán jugar cualquier juego finito, como ir a la universidad, o lograr un trabajo con una actitud infinita. Cuando cultivamos esta perspectiva en los niños, estos son capaces de ver el poder que tienen para cambiar cosas del mundo, ajustar condiciones, trabajar con otros y cambiar cómo interactúan para poder continuar aprendiendo, cultivando sus amistades y jugando el juego. Cuando cultivamos esta perspectiva en los niños, los empoderamos a crear su propia realidad y diseñar sus propias vidas.

Para más información sobre este tema pueden leer Finite and Infinite Games, por James Carse.

Alex Aldarondo
Director y fundador de ExAlt, el primer ALC de Puerto Rico

Estar en contacto consigo mismo

Cuando estás en contacto contigo mismo, sabes lo que sientes y donde están tus límites. Sabes lo que te gusta y lo que no te gusta. Sabes lo que te funciona y lo que no. Sabes con quien estás a gusto y con quien no.

Eso te da el poder de decir NO a situaciones malsanas, y te genera autoestima porque aprendes a confiar en ti.

9

Realizar su máximo potencial debería ser un derecho.

Desafortunadamente, la idea de realizar su máximo potencial no es el enfoque en el sistema educativo tradicional. Yo sí tengo la libertad de centrar las actividades, el ambiente y la actitud de los adultos en mis proyectos no-escolarizados al rededor de la importancia de este tema y volverlo un derecho de cada niño y adolescente.

8